La primera vez que vi esa película fue en el pijama party de una compañera de curso, justo después -o tal vez antes, a esas horas de sueño pre adolescente uno no puede determinar nada bien- de 13 monos. Ahora pienso, qué gran selección de películas, ¿quién iba a pensar que las terminaría estudiando en la universidad? (si alguien de mi curso adivina qué pijama party fue, se gana un premio).
Pero la película viene al caso porque es la única descripción que Maud, la hermana de Jérôme que nos visitó por una semana, se llevó de Holanda. Si, el pueblo de los malditos... por suerte nada que ver con la cultura o la amabilidad de la gente, sino más bien con el hecho de que todos son siniestramente parecidos. Las holandesas rubias y altas en sus bicicletas, los holandeses rubios y altos en sus bicicletas, parecen multiplicaciones de los gemelos diabólicos de la película. Y no es que no me haya dado cuenta antes, pero es que conociendo a tantos internacionales -porque a decir verdad, mi círculo se compone de un 80% de expatriados como yo y un 20 de holandeses, de los que ya es suficiente decir que pasan su tiempo con expatriados como yo para que quede claro que no son lo típico de acá- uno como que se olvida de lo parecidos que son en general los Dutchos.
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Antes de que se me olvide, una pausa de utilidad pública, blogger lleva mucho tiempo saboteando mis intentos de posts, así que estoy considerando seriamente abandonarlo por algún otro medio de expresión virtual: son libres de expresar sus sentimientos al respecto en los comentarios o vía mail.
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Aparte de lo Unheimlich de los clones de los países planos, mi nueva hermanita tuvo una experiencia feliz. Y yo ahora me preparo mentalmente para un nuevo semestre de clases y trabajillos que nos mantengan a flote. Los personajes de este semestre están por descubrirse, pero creo que definitivamente uno de ellos será la profesora de "culturas híbridas", el curso temido del máster por su peso y carga académica; y suerte la mía, es la misma profesora que decidió que yo estaba lista para el máster de investigación y me prometió emocionada que a haría trabajar como loca y mejor que le siguiera el ritmo porque, después descubrí, hay que darse con una piedra en el pecho de la suerte que te elijan para el máster de investigación, así que más o menos estoy en deuda con ella por el resto de mi vida; y más me vale que no lea esto porque lo único que quiero es planchar su descripción para la posteridad: es como ver a Mafalda dopada con heroína y red bull. (Igual si lo lee se que me lo perdonará)
Estoy escuchando Mumford & sons y pensando qué más decir. La verdad es que no hay mucho
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