Una de las últimas fotos en el blog es de cuando fuimos a comer comida coreana... yummi! Excepto que ahora fuimos de nuevo con la Tanya y como consecuencia pasé la noche en la clínica con un ataque de colon/intoxicación tan horrible que no puedo profundizar acá por razones de seguridad mental de mis fantasmas lectores.
A parte de eso, mis alumnos ya no son avanzados o intermedios, por lo que subir sus trabajos se hace medio difícil - a menos que la idea de "interesante" del público sea ver cómo deletrean o cómo construyen frases con ser y estar...
Faltan dos semanas para terminar el trabajo, una semana y media para terminar el diplomado, un mes y medio para irme de Chile y a mi me duele la guata.
On the bright side, esto de haber terminado la carrera y que ya no me obliguen a leerme libros -a veces demasiado buenos leídos bajo demasiada presión- me ha hecho descubrir un mundo nuevo de lectura: leer por placer en el metro. Ya nadie me obliga a leer, no tengo que escribir informes al final, no tengo miedo a que mis pares clasifiquen mis gustos literarios de poco académicos, y además en el metro uno se siente parte de esa elite-pseudo-intelectualoide-que-no-lee-a-Dan-Brown. Eso es suficiente para el metro. Es una liberación tremenda. Como que de a poco me voy remeciendo, sacudiendo -como la bailarina de Mistral- todas las autoimposiciones de Letras y voy recordando de a poquito los sentimientos y razones que me hicieron estudiar esa carrera en primer lugar.
Además, ni siquiera trabajo en la academia, nadie me exige leer más que sobre el subjuntivo y los métodos de enseñanza de ELE. Soy profesora y mis alumnos me respetan más por saber quién es Kazuo Ishiguro -por alguna razón me los gano conociendo más autores que Neruda y Mistral-.
En fin, lo que quiero compartir hoy con mis fantsmitas, es la ternura personificada y escondida a la vista de los simples mortales que no tienen el privilegio de tener un entretecho al lado de su pieza. He aquí:


