Entonces, llegamos a Leiden mirando espectantes desde la ventana del tren. Espectantes es para decirlo en bonito, en realidad mirábamos babosos por la ventana del tren. Nunca jamás pensé que cometería el sacrilegio de decir que alguna ciudad europea podría ser mas bonita que Heidelberg (amor de mis amores), pero Leiden, ay!
La primera noche fue llegar al hotel (a 10 min del centro en micro) y mandar al maridito/sherpa/enfermero a explorar hasta encontrar un supermercado. Yo me quedé en cama con el resfrío del año. El segundo día abrigarse bien y salir a dejar los pies y los ojos en la calle. Guau. Cómo tan bonita la porquería de ciudad, cómo tanta gente tan amable y cómo (cómo en serio) lo hacer para toditos hablar inglés, al punto de que preguntar "do you speak english" te parece ofensivo porque deberías dar por sentado que todos lo hablan.
Ese mismo día logramos un montón de trámites que en países más burocráticos se hubieran demorado años.
Luego comenzaron las listas de presupuestos y cosas que hacer. Pero sin dejar de babear un poquito cada vez que vamos al centro. Ahora la cosa está así: estamos a sábado, mañana en la iglesia el plan es hacer amigos como locos y conseguir buenos datos de pegas y lugares donde comprar barato. El miércoles es el día de mudanza: a las 10:30 de la mañana firmamos el contrato y nos entregan las llaves de nuestro primer departamento en Smaragdlaan, a unos 10 min. del centro en bici, 5 en micro. Ese mismo día luego de hacer un chequeo rápido de lo que necesitamos, tomamos en tren a Delft (20 min) y nos vamos a Ikea, luego al volver tenemos la tarde/noche para desempacar y convertir el departamentucho de estudiantes en un hogar. El jueves es el día de introducción, mi favorito antes de empezar las clases en cualquier universidad, porque es el día en que te muestran la biblioteca y te enseñan a usarla, yey. El viernes a las 10:52 tenemos nuestra entrevista en el registro civil, para que nos den la residencia y luego volvemos a las facultades respectivas (humanidades y ciencias sociales) a conocer compañeritos y preguntar estupideces a los guías.
Eso es todo lo que sé del futuro por ahora. A continuación, la historia de la llegada en fotos:
La feliz llegada a Leiden. Con caras de emoción en la estación de trenes. Nuestros primeros pasos en nuestra ciudad futura.
Mami! también tienen Jumbo acá! jajaja, pero es chico y estudiantoso.
Imposible no sonreír en una ciudad tan linda. En el tren yo le decía a Jéôme "¿te maginái la ciudad es horrible y la gente súper antipática y nadie habla inglés?" Ja. ja. ja.
Para que vean que sí hay molinos en todas partes. Éste es uno de varios que hay en la ciudad.
La única cosa peor que pagar mucha plata por comer en el restoran del hotel es que cuando pidas una cerveza chica te traigan una especie de muestra gratis. En la foto: el Jérôme riéndose de lo absurda de mi cerveza (en la foto se ve más grande de lo que era en realidad).
Intervención artística? Preocupación por el medio ambiente? Acá los arboles tienen bufandas. Y algunos puentes también. Para que no se resfríen, como el Jérôme, que se contagió mi resfrío justo cuando yo me sané.
Donde comer barato? en el local de comida de Indonesia. mi menú (en la foto) por 4, 90.
El chancho comiendo Indonesia.
El día que fuimos a ver nuestro futuro departamento mi amor tuvo un ataque de depresión que solo yo podría entender (y todos los otros habitantes del edificio soviético de Neuenheimer Feld en Heidelberg, ese que tenía baños compartidos por 15 personas y una cocina con gusanos ocasionales). Nuestro futuro depto no es así, pero es el mismito tipo de edificio, en el mismito lugar de la ciudad (exepto que este tiene un canal y patitos). En la foto el Jérôme con cara de enojo. Nuestro depto está en el primer piso y tiene la gracia de tener una "terracita" que mira al pasto y al canal con patitos. La parte mala eran los flaites reunidos justo en la esquina (pero flaites adolescentes, así que no dan tanto miedo) y el hecho de que los buzones de correo hayan sido molidos a golpes por probablemente estudiantes ebrios. Nada que no hayamos vivido antes. Y si, para que se queden tranquilos nos vamos a comprar un bat de béisbol, y apenas tengamos trabajos y ahorremos un poco nos vamos corriendo a un lugar mejor en el centro.
Dos clásicos que nunca fallan. Y no es que sea alcohólica, pero me hacen sentir como en casa en cualquier país al que voy.
Los sábados benditos son días de mercado. Y hoy salimos a pasear y almorzamos unos suculentos sandwiches de pescado crudo con cebollita picada. Aún nadie se ha enfermado.
Esta última es para el Choco, aquí su banda clon en las calles de Leiden.





















