sábado, 31 de diciembre de 2011

Donde fueres...

Los que conocen esrte refrán seguro ya me imaginan comiendo caracoles... bien hecho. Claro que comí caracoles, era una de las venganzas que Jérôme venía planeando hace mucho tiempo (desde que yo le dije que el manjar era el elíxir de los dioses .quién se iba a imaginar que al único gringo al que no le gustara sería él-.
He aquí los caracoles -escargots.


El Jérôme saboreando el momento de su venganza, feliz tomándome fotos mientras yo sorbeteaba uno de los animalitos

Pero el tiro le salió por la culata, porque estaban bieen ricas las cochinadas!




Me gusta esto de contar historias con fotos, así que voy a seguir...

Un día antes de los escargots, estábamos de vuelta de Ikea, listos para descansar antes del aperó, cuando de pronto se cortó la luz... Lo más normal del mundo en Chilin, y pero cuando tu casa funciona en un 99% en base a la electricidad, puede ser un problema. Así fue como pasamos la tarde sin luz, cocina, calefacción, sin cerrar las persianas, sin agua caliente, etc. Pero como los bretones son buenos para sobrevivir, nos abrigamos e hicimos un aperó bien romántico a la luz de las velas. Y justo antes de cenar, se hizo la luz.

Para los que no la conocen, la casita en la pradera de Jérôme. Otro día voy a subir un detalle de la estatua chiquita en la puerta, con su respectiva leyenda, que es muy buena.



Ayer en la tarde nos reunimos con el compipa de Jérôme, Julien, que además es su testigo para el civil, y nos fuimos a recorer el centro de la ciudad. En la catedral -que está mal construida y cuya nave central se fue enchuecando con los años hacia la izquierda de la primera cámara- había un pesebre "a la bretonne" super choriflai. Si se fijan en los trajes, son los típicos de esta zona.


Uno de los canalitos que cruzan el centro. Es realmente encantador el pueblito (ya, ciudad chica pa que no me reten), y lo pasamos muy bien con Julien, incluso me gané una agenda gratis en una librería :)
Pero, no todo fue fabuloso, porque esa misma tarde, a las 6:30 venían a tomar aperó los abuelos paternos de Jérôme (el abuelo y su pareja mejor dicho), a quienes no había tenido el placer de conocer hace dos años, porque mi chancho no quería que me enfrentara tan pronto al "lado denso de la familia".
Bueno entre la lluvia y el viento se imaginan lo linda que me veía cuando a las 6 en punto, el auto de Julien se estacionó al frente de la casa de mi amor. Un segundo y medio después llegó otro auto: los abuelos temidos. Yo con cara de espantapájaros latino, pero sacando toda la Grace Kelly que llevo dentro aperré nomás. En realidad al menos la primera impresión no fue para nada como Jérôme me los pintaba.
Una vez que entramos comenzó el show. Nos sentamos en el living y de pronto me teletransporté a esas juntas adolescentes en las que lo único que hay en la mesa son botellas de copete, solo que la única diferencia era que estas eran botellas caras. 3 botellas de champagne después y varias de otras cosas que no conozco, yo me esforzaba como nunca por seguir las tres líneas de conversación simultáneas, pero al mismo tiempo al no ser el "elemento extranjero" a la casa, se creo una complicidad especial entre los papás del Jérôme y yo. All in all, la velada no sailó nada mal. Al caballero me lo gané hablándole de los vinos chilenos, y la señora comparte mi afición por Sissy y por Grace Kelly, así que diría que basntante bien. Obviamente quedaron muy invitados al matrimonio civil (que ahora le incluye cócktail, y grabación con subida al blog posterior).
Terminamos la noche medio mareados, comiendo pizza como cualquier familia que acaba de salir de una velada agotadora.

viernes, 30 de diciembre de 2011

28 horas después

En realidad han pasado harto más de 28 horas desde que llegué... pero después de las 28 horas que duró el viaje a Quimper "empezó lo güeno".

Han sido obviamente agotadores estos dias jetlagueados: entre hacer buenas migas con los suegros y la cuñadita, visitar a los abuelos, comprarme adaptadores de enchufes (de pronto nada funcionaba), gestionar la búsqueda de depto en Holanda y el matrimonio civil, etc.

Pero yo se que lo que quieren copuchar son los shocks culturales... a ver, las comidas son un acontecimiento sacrosanto, desde que llegué no hemos repetido ningún ingrediente, el aperitivo es mandatorio (cada vez aguanto   mejor mi kir royal), y como son toda una ocasión, los "aperós" y los almuerzos/cenas han hecho que me de esa sensación de que llevo mucho más tiempo acá del que realmente llevo.

Diferencias grandes a mi vida en chile? El maquillaje, acá me pongo maquillaje a conciencia toditas las mañanas, y nada de echarse rimel a la rápida, no... base, iluminador, sombra y todos los consejos de bobbi brown y demases lolas que aparecen en la revista mujer. ¿Porqué? Por que acá todo el mundo es P R O D U C I D O.  Pero no es tan terrible como parece, de hecho, hasta lo disfruto un poquito...

Ahora, algunas fotos con historia

Santiago. La última vez que mis pies sintieron en sol.


Alguna parte del atlántico. El viejito pascuero que nos dieron en el avión, recordatorio de que estábamos pasando la navidad en el aire.


La hora 25. Después de muchas muchas horas de viaje esperando en Rennes que llegara en Jérôme con la información sobre el tren que eventualmente no pudimos tomar.


Sacapica. Para que mi mamá vea que fuimos a Ikea (el paseo familiar), pero fuimos niños buenos y no gastamos ni un peso de nuestros ahorros.


Las paltas. Hass y todo, a 95 centavos la palta (639 pesos según el cambio de hoy)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Anagnórisis

Si no me equivoco -han pasado muchos años desde las clases de literatura universal- la anagnórisis era el momento en el teatro griego en que el público se "reconocía" en la obra representada. Veía en ella sus propias fallas, sus virtudes, su humanidad. Después venía la catársis, pero eso es otro tema.

Hablando de humanidad y reconocimiento, tengo que reconocer que con tanta experiencia en el campo de despedidas, idas y vueltas, automáticamente unas semanas antes de viajar me robotizo un poquito, anulo los sentimientos de tristeza y nostalgia y todo eso, y los cambio por un pragmatismo extremo frente a lo urgente, a los preparativos del viaje, etc. Pero anoche tuve mi anagnórisis, curiosamente también ligada al arte -Aristóteles tenía razón y no puede haber una sin la otra-. Como decía, anoche fui a un concierto, pero no fue eso lo que me abrió los ojos, sino el regalo de un querido amigo, una Hohelied: el nombre que le dio Lutero al Cantar de los Cantares, algo así como "canción de matrimonio". Mi amigo me regaló una bolsita de papel, y mientras yo caminaba al metro, después de haberme despedido de él, asomé el contenido de la bolsita y he ahí, anagnórisis al leer la partitura y la letra (más la letra que la música, ha pasado mucho tiempo de la época del violín).
Pero, el punto importante es que leerla me hizo sensible de nuevo, y me dio esa tristeza que le da a los que parten. Así que lo puedo decir oficialmente: sí, hay una parte de mi que está triste de dejarlos, a mi familia, a mis amigos, a mi cotidianeidad santiaguina... pero al mismo tiempo, ¿alguien puede culparme porque el resto de mi se lance desesperado a la aventura de lo desconocido? Creo que es un impulso que siempre voy a tener, pero no por eso los quiero menos.

En fin, mañana parto al viejo mundo, a la vida nueva. Ya saben dónde leer mis aventuras, sepan también que los llevo un poquito conmigo, que una parte de ustedes se va conmigo a viajar también, si quieren.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Cosas que extrañar


Las guaguas:
-los muñecos de guaguas que aparecen en los lugares más extraños de Valpo.
-las guaguitas
-las sustancias - pero sobre todo el hecho de que a nadie le parezca extraño que en Chile comamos una cosa que se llama "sustancia"


Los huevos:
Ya, si se pueden encontrar en todas partes, pero hay dos modalidades que son únicas:
- La paila de huevos fritos que untas con la marraqueta crujiente, y
- Los huevos a la copa en mi versión (nada de chic como los que salen en google images): en un tazón revueltos con pedacitos de marraqueta crujiente.
... Ahora que lo pienso, debí haber puesto la marraqueta

Las matas:
Muy mistraliano, lo sé. Y muy factible en cualquier parte del mundo, si no tomamos en cuenta el clima tropical de los Países Bajos (estoy practicando para no mandarme el condoro de decir "Holland" en vez de "Netherlands" allá). Voy a echar de menos tener el plato de fideos en la mano y no poder salir a cortar la albahaca al patio. Pero eventualmente llegará el verano.
Y además existe la conveniente ventaja de que cuando no tienes espacio en el refri, siempre puedes dejar las cosas en el marco de la ventana o en el balcón.

Y, por último, una lista random de cosas que me hacen los días más felices:
-vendedores de corcheteras en las micros
-los cantantes de ópera en los leones
-que me digan "mi reina" en los negocios
-el puesto de sopaipillas a la salida de la u o del trabajo en invierno
-mi pieza



Y, por si no está suficientemente claro, ustedes no son cosas, así que no cuentan en este post.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El claro del bosque

Hay un cuento bretón -celta en realidad, internacional en realidad- que dice que los duendes (korrigans) de la risa se ponen a bailar en los claros de los bosques (especialmente La forêt de Broceliande), y cuando alguien los encuentra y se va a bailar con ellos, la risa se le contagia y no puede parar de reír y bailar hasta que se muere. ¿suena familiar, cierto?
En realidad no se si voy a reírme y bailar hasta que me muera, pero no sería para nada una mala forma de morir -desde chica lo pensé- Ahora bien, qué tiene que ver esto con nada: que después de un mes y una semana de bosque, encontré el claro. Y es hermoso. Viene con pasajes a París el mismísimo día de navidad incluidos, con vestido de novia de hada incluido, con aceptación en la U incluida y con matrimonio civil adelantado para no tener que tramitar la visa, también incluido. Me encanta el claro del bosque, pero que quede claro que lo más probable es que haya más bosque por cruzar cuando termine de reír y bailar. 

Pero por ahora no me importa. 

Bailemos y riamos un rato, yo hago muffins de canela y manzana que saben a cielo navideño, ustedes me vienen a visitar, nos despedimos con sonrisas y un poquito de pena -no demasiada, si igual vuelvo- y lo mejor: este blog toma su legítimo lugar, el de diario de viaje.

Ya estoy preparando mis maletas, prepárate Finisterre, que allá voy. Con risas y bailes y muffins y los korrigans me los prestas tú.