viernes, 30 de diciembre de 2011

28 horas después

En realidad han pasado harto más de 28 horas desde que llegué... pero después de las 28 horas que duró el viaje a Quimper "empezó lo güeno".

Han sido obviamente agotadores estos dias jetlagueados: entre hacer buenas migas con los suegros y la cuñadita, visitar a los abuelos, comprarme adaptadores de enchufes (de pronto nada funcionaba), gestionar la búsqueda de depto en Holanda y el matrimonio civil, etc.

Pero yo se que lo que quieren copuchar son los shocks culturales... a ver, las comidas son un acontecimiento sacrosanto, desde que llegué no hemos repetido ningún ingrediente, el aperitivo es mandatorio (cada vez aguanto   mejor mi kir royal), y como son toda una ocasión, los "aperós" y los almuerzos/cenas han hecho que me de esa sensación de que llevo mucho más tiempo acá del que realmente llevo.

Diferencias grandes a mi vida en chile? El maquillaje, acá me pongo maquillaje a conciencia toditas las mañanas, y nada de echarse rimel a la rápida, no... base, iluminador, sombra y todos los consejos de bobbi brown y demases lolas que aparecen en la revista mujer. ¿Porqué? Por que acá todo el mundo es P R O D U C I D O.  Pero no es tan terrible como parece, de hecho, hasta lo disfruto un poquito...

Ahora, algunas fotos con historia

Santiago. La última vez que mis pies sintieron en sol.


Alguna parte del atlántico. El viejito pascuero que nos dieron en el avión, recordatorio de que estábamos pasando la navidad en el aire.


La hora 25. Después de muchas muchas horas de viaje esperando en Rennes que llegara en Jérôme con la información sobre el tren que eventualmente no pudimos tomar.


Sacapica. Para que mi mamá vea que fuimos a Ikea (el paseo familiar), pero fuimos niños buenos y no gastamos ni un peso de nuestros ahorros.


Las paltas. Hass y todo, a 95 centavos la palta (639 pesos según el cambio de hoy)

No hay comentarios:

Publicar un comentario