martes, 11 de septiembre de 2012

La crisis de los misiles de la gorda

Todo era aventura. Casarse, irse a vivir al país de nunca jamás, fabricar plata como fuera, estudiar como locos y después pasarlo bien como locos, vivir en los cuarenta metros cuadrados más geniales y románticos y llenos de gente de Holanda.
Hasta que llegó la posibilidad de cambio, la amenaza de una vida con la que flirteábamos pero como para después (ese adverbio maravilloso que deja la potencia ahí, al ladito, para cuando quieras usarla).
Por un lado nos quejábamos de no tener plata ni siquiera para pagar los pasajes a la luna de miel -la estadía es gratis- nos quejábamos de correr entre el trabajo y el estudio y los amigos y lavar la ropa, nos quejábamos de no poder ir al restorán argentino a comer carne de verdad, nos quejábamos y hacíamos planes para ese futuro incierto llamado "cuando tengamos plata".
Cuando tengamos plata...
vamos a ir a Heidelberg y a Oldenuburg y a Bruselas
vamos a comprar la alfombra esa de Ikea que te gusta tanto
vamos a tener date nights como los gringos: cine y cena
vamos a conseguir la mesita y comer en el patio llueva o nieve
vas a pagar la matrícula del club de rugby
voy a pagar la matrícula del sportcentrum
.... se pueden hacer la idea, creo

Lunes 11am. Té con las amiguis.
Parece otro capítulo de "hoy en la vida de la gorda", pero en realidad es lo que hice ayer. Explico: mis clases de este semestre son los miércoles y jueves de 1 a 5pm, eso es todo. El resto de la semana libre para trabajar o estudiar ... o en su defecto tomar té con las amiguis. Y en realidad eso no me habría causado el menor shock si no fuera por el inminente cambio de vida que exprimentaríamos si Jérôme encuentra una pega en serio (una pega en serio es aquella de tiempo completo, corbata y chaqueta, con un sueldo superior al mínimo holandés de 1400 euros mensuales): los dos sabíamos que de ocurrir semejante escenario su tarea es trabajar y la mía estudiar por los dos y ocuparme más de la casa, es lógico y justo. Pero entonces, lunes a las 11 de la mañana, yo, Silvia y Dana tomando tecito y comiendo dulce de arroz. Cual es el trauma de la situación? Silvia es una vecina mexicana, vive con su marido también mexicano que termina su master o phd en algo. Ella es psicóloga, pero su visa no le permite trabajar, por lo que mayormente se ocupa de la casa. Dana es una vecina gringa, vive con su marido también gringo que hace su postdoc en algo. Ella tiene un bachelor en química, y su visa sí le permite trabajar, pero por elección propia se queda en la casa.
Volvamos a la escena, lunes 11 de la mañana, las tres tomando tecito y hablando de regalos de bodas. ¡¡¿entienden mi pánico ahora?!!

La buena noticia es que no duró demasiado, porque después el Jérôme volvió de su entrevista con la agencia y nos dimos cuenta de que no es que mañana lo van a llamar a trabajar, así que por ahora los trabajitos chicos y la vida aventurera continúan.

Y no es que nuestra vida sea menos aventurera con un ingreso fijo, pero generalmente es ahí cuando uno cambia los lugares por cosas, y la libertad Snufkiniana de agarrar mochila y zapatillas y dejar todo botado se pierde un poquito, porque ya no puedes dejar botada la pega o a la esposa. Creo que vamos a reinventar esa libertad cuando llegue el tiempo.
Por ahora a escribir y servir mesas, cuidar guaguas y volver a la casa agotados e indomables, como cabros chicos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

El Pueblo de los Malditos

La primera vez que vi esa película fue en el pijama party de una compañera de curso, justo después -o tal vez antes, a esas horas de sueño pre adolescente uno no puede determinar nada bien- de 13 monos. Ahora pienso, qué gran selección de películas, ¿quién iba a pensar que las terminaría estudiando en la universidad? (si alguien de mi curso adivina qué pijama party fue, se gana un premio).
Pero la película viene al caso porque es la única descripción que Maud, la hermana de Jérôme que nos visitó por una semana, se llevó de Holanda. Si, el pueblo de los malditos... por suerte nada que ver con la cultura o la amabilidad de la gente, sino más bien con el hecho de que todos son siniestramente parecidos. Las holandesas rubias y altas en sus bicicletas, los holandeses rubios y altos en sus bicicletas, parecen multiplicaciones de los gemelos diabólicos de la película. Y no es que no me haya dado cuenta antes, pero es que conociendo a tantos internacionales -porque a decir verdad, mi círculo se compone de un 80% de expatriados como yo y un 20 de holandeses, de los que ya es suficiente decir que pasan su tiempo con expatriados como yo para que quede claro que no son lo típico de acá- uno como que se olvida de lo parecidos que son en general los Dutchos.

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Antes de que se me olvide, una pausa de utilidad pública, blogger lleva mucho tiempo saboteando mis intentos de posts, así que estoy considerando seriamente abandonarlo por algún otro medio de expresión virtual: son libres de expresar sus sentimientos al respecto en los comentarios o vía mail.
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Aparte de lo Unheimlich de los clones de los países planos, mi nueva hermanita tuvo una experiencia feliz. Y yo ahora me preparo mentalmente para un nuevo semestre de clases y trabajillos que nos mantengan a flote. Los personajes de este semestre están por descubrirse, pero creo que definitivamente uno de ellos será la profesora de "culturas híbridas", el curso temido del máster por su peso y carga académica; y suerte la mía, es la misma profesora que decidió que yo estaba lista para el máster de investigación y me prometió emocionada que a haría trabajar como loca y mejor que le siguiera el ritmo porque, después descubrí, hay que darse con una piedra en el pecho de la suerte que te elijan para el máster de investigación, así que más o menos estoy en deuda con ella por el resto de mi vida; y más me vale que no lea esto porque lo único que quiero es planchar su descripción para la posteridad: es como ver a Mafalda dopada con heroína y red bull. (Igual si lo lee se que me lo perdonará)

Estoy escuchando Mumford & sons y pensando qué más decir. La verdad es que no hay mucho