Una semana en Chile, o sea, en Santiago. Llego al aeropuerto, hay una euforia en frente de la tele. Me pregunto cuando van a atenderme en el servicio de transfer. Ah, a los chilenos les gusta el fútbol, como a los brasileños. El inevitable espíritu latino, algo que compartimos, fue la primera cosa que sentí. Y asi estoy pasando esta semana, viendo las igualdades y difenrencias entre Chile y Brasil.
En Brasil, vivo en una ciudad grande, en São Paulo, por eso, Santiago me parece una ciudad muy pequeña, del interior, caminando por las calles la mayor diferencia que vi fue que aqui las calles son más limpias, los autos respetan a los peatones, por lo tanto, a veces me quedo sin saber si puedo cruzarlas. En Santiago existe un respeto mayor en el tránsito y no hay muchas motocicletas locas que pasan entre los autos como en Brasil. Además de eso, caminar por la noche cerca de donde vivo, sin miedo, es una tranquilidad que me hace falta en Brasil.
Por otro lado, además del fútbol me siento compartiendo un otro espíritu con los chilenos, el de las reivindicaciones por mejorías. Paso por las calles y veo las manifestaciones que hacen los estudiantes, en clase hacemos debates sobre la política, economía, visitamos el Museo de la Memoria. Con todo eso es posible percibir que desafortunadamente los problemas son parecidos en los dos países, lo que me hizo repensar sobre los problemas sociales que hay en mi pais y de los que no podemos estar ajenos.
Así, en algunos días puedo sentir esas diferencias, igualdades y otros puntos que me dejan satisfecha de haber eligido este país para visitar. Y pienso que los chilenos tienen que seguir con los buenos modales en el tránsito y que nosotros tenemos que seguir compartiendo este sentimiento de mejorías para nuestras naciones.
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