jueves, 7 de junio de 2012

Un sol que no se acaba

Esa es una de las pocas cosas que te hacen notar que estás en un país nórdico. Hay luz aún a las 11pm. Es hermoso, y despues llueve, y después no. Las cuatro estaciones en un día.
Pero sin Vivaldi.


No sé si te acuerdas de uno de los cuentitos que escribí cuando chica (hace casi diez veranos, maldición) pero mi vida acá se parece un poco.
No me casé con un músico, es verdad, pero el resto es ignominosamente similar. No necesitamos tele porque la vista es envolvente y la ventana generosa.
Él se pasa todo el día en la biblioteca y yo vagabundeo por distintas partes de la ciudad -y las ciudades cercanas también-.
Y la bicibleta en un país de bicicletas es como volar.
Olvídate del metro o el transantiago, cierras los ojos arriba de tu bicicleta y abres las manos y te tomas todo el aire del verano, hasta el conchito.
Y te relames de gusto las estrellas y los canales que cruzaste.
Después de veinte tormentas que te calleron encima y te trataron de botar de la bici, la 21 y las siguientes son solo refrescos.
Un poco más denoche enforma líquida para tomar al vuelo.

Un nocturno infantil

acá nunca es de día.

incluso cuando es de día es de noche

pero una noche con luz que no se acaba

un sol testarudo que no termina de ponerse jamás.

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