sábado, 26 de enero de 2013

Los Miserables viendo Les Miserables

Cuando los papás del Jérome nos llamaron el lunes para felicitarnos por nuestro primer aniversario de matrimonio, se mataron de la risa de que estuviéramos viendo Les Miserables, he ahí la broma.

Esta semana no escribí porque escribí... y escribí hasta el cansancio. Un paper que se suponía sería híper fácil y que ya tenía listo y era llegar y chamullarlo en papel. Pero no salió, de hecho me costó una semana parir la porqueria de paper, y ni siquiera quedé conforme con el resultado. Al final lo mandé porque la verguenza de entregarlo 4 días tarde era mayor que la verguenza de la calidad del paper. Creo que estoy perdiendo mis poderes. Creo que voy a pensarlo harto antes de casarme con un doctorado por los próximos siete años. Y además, ¿para qué? ¿para pasarme 7 años cuidando guaguas ajenas a ver si al final me contratan como profe en medio de la crisis? No señores, no siendo parte de esta generación de pobres privilegiados (jóvenes de veintitantos que tienen una educación universitaria pero igual no pueden financiarse la vida o lo hacen a duras penas, en un medio económico que no les ofrece trabajos para los que están calificados, sino como meseros, choferes y babysitters -para ejemplos concretos vea Girls en el hbo-).

Así que esta semana fue escribir y la nieve. La próxima va a ser leer y la nieve. Y mandarle mails a Herralde. Sí, el editor de Bolaño, ese Herralde. 

Patua la chilenita.

Pero es que si me dejan irme a Barcelona a investigar (y no a pasar el frío, ojo) tengo que hacer lo que sea necesario para que las vacas sagradas de las letras hispanoamericanas me den su apreciada información sobre La Universidad Desconocida, que mientras más leo, más desconozco.  














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