Hola.
Este es uno de esos momentos -tan escasos- en la vida en que parece que todo lo que me rodea está maravillosamente bien. Como puros fuegos artificiales que te pueden quemar la cara, pero son tan tan bonitos.
Y es que no todo es maravillosamente bueno, pero cada rincón, pastizal, edificio gigante o subterráneo en mi vida, los que representan cosas buenas y los que representan cosas malas se juntan; no, se enredan entre sí, formando como un colchoncito genial entrelazado, al que me lanzo sin la más mínima duda. Porque veo con dulzura los problemas- pobrecitos ellos, que no saben que son portadores de noticias magníficas.
Qué rico saltar sobre la enredadera de problemas y maravillas esponjosas y salir volando por los aires y caer de nuevo y así sucesivamente hasta que venga otro día u otra noche, que por ahora se demora.
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