Afuera de mi ventana hay una pequeña callecita. No es para autos, es un pasaje interior que conecta con... no sé en realidad, porque nunca he ido a ver. De vez en cuando pasa algún vecino en bici o el caballero que limpia con sus bolsas de basura. Pero a veces, cuando llego a la casa en el momento oportuno, tengo el privilegio de ver a las señoras musulmanas. Son dos o tres señoras (edad mamá para los que cachan) que con sus velos y vestidos se suben arriba de sus bicicletas y... practican. Le dan vuelta al edificio una y otra vez, un poco desconfiadas al principio, despacito. Hasta que agarran el ritmo y se las ve más relajadas, hasta el próximo movimiento brusco que las saca del equilibrio y así por harto rato. Me imagino que practican antes de que sus hijos lleguen del colegio, en lo que en Chile se conoce como "la hora de la telenovela" (las de después de almuerzo, en mi época "Esmeralda" y "la usurpadora" que, a propósito, ahora veo por internet cada vez que plancho).
Es bien genial mirar por la ventana a esta hora, por ejemplo, ahoritita se acaban de perder una pareja de niños asiáticos (estaban muy lejos como para clasificarlos por país) paseando a un gato... con correa. El pobre animal se veía tan absurdo que creo que él mismo se daba cuenta que así no es la cosa.
Ok, han pasado algunas horas desde lo de la ventana. Entre medio vi una pésima película de suspenso/terror, sola, obvio y oscureciendo, porque cuándo sino. Y ahora pienso en todas las cosas que he pensado escribir durante todos estos días en que no he escrito: esto del blog se hace más subconciente de lo que uno quisiera. Cada vez que me pasa algo interesante o digno de contar o algo que me llama la atención me pillo a mi misma redactándolo en mi cabeza, escribiéndolo en el blog imaginario - rara vez llega al real.
Verbigracia: una de las cosas más geniales de vivir juntos son las conversaciones zombies que tenemos a las 7:30 de la mañana con el Jérôme, mientras yo hago como que me levanto y él se va a saludar a su verdadera amada: la máquina de café. Hoy mientras buscaba que ponerme, admiraba lo estoico de hacer ejercicio cada mañana, sin profe que lo obligue, sin ser parte de esa nauseabunda campaña del verano sin polera, solo por el placer de ejercitarse. Todo lo que es vivir en carne propia eso del mens sana in corpore sano... todo lo que a mi no se me da.
Luego de nuestra conversación zombie del día, sobre mi incapacidad para hacer gimnasia de forma conciente, en un equipo o gimnasio o algo así -dejando de lado el baile, obvio- me quedé pensando en el colegio. Ultimamente he tenido muchos sueños con gente del colegio, ayer mismo soñé con una compañera. Y me puse a pensar en los años de colegio y las diferentes etapas que tuvo esa horrorosa y épica asigntura, educación física, en mi vida.
Primero fue el miedo.
Probablemente no desde el principio, no tengo recuerdos de kinder o primero básico... pero yo creo que como en segundo le empecé a tener terror a los días de E.F. Sobre todo por la pelota maldita de las "quemadas": ese juego diabólico en el que tus compañeritas (minutos antes dulces angelitas jugando con sus barbie-pocahontas) tratan de atravesarte con una pelota que de suave no tiene nada. Esa mezcla de satisfacción y pánico que me daba al quedar de las últimas (por esquivar la pelotita a toda costa), sabiendo que tenía el orgullo de ser sobreviviente y al mismo tiempo sintiendo como cada vez la pelota volaba con más fuerza, más decisión, más intención aniquiladora. Uf! qué rápido aprendí a atravesarme en el camino de la pelota de las primeras, cuando los golpes todavía son piadosos, e irme al lado opuesto a conversar con otras tan astutas como yo.
Los gritos de las profesoras insistiendo en un set más de abdominales o una vuelta más a la cancha no eran nada comparado con esa instrucción básica e instintiva en el modelo neoliberal que eran las competencias. Competencias y equipos para todo, la ley del más fuerte. El reinado del más fuerte, bajo quien el resto éramos súbditos implorando no ser dejados a la humillación del último lugar. Me gustaría mirar hacia atrás y pensar que desde mi niñez mis actos eran statements en contra del modelo económico imperante, pero la verdad es que simplemente era mala para gimnasia. Cabra chica flaca y chascona, sonándose con la manga del chaleco y mirando el cielo después de correr las infinitas vueltas a la eterna cancha, para ver esos fantasmitas blancobrillantes que se ven después de correr vueltas infinitas por canchas eternas.
Los fantasmitas los seguí viendo hasta cuarto medio, para los que se preguntan.
Con Pedrito estamos muertos de la risa, pero no sé bien qué es lo más nos da risa, si las conversaciones zombies, el verdadero amor de Jerome, tus teleseries y el planchado, las barbies súper pocahontas...
ResponderEliminarNah si está claro, acá los mapuches ñeclas comparten completamente tu sufrimiento en la gimnasia, sólo recordar esas vueltas por la cancha nos cansaron...
Desde mi pieza los saludamos!
PD: Oye, en Panguipulli vi a un gato con correa y de verdad que es nefasto cuando se atraviesa un perro en su camino...
Y con cuál de nosotras soñaste? jajaja
ResponderEliminarDisculpa lo sapa Pau, pero la verdad es que hacía hora mientras grababa unos archivos en un CD y es tu culpa por promocionarlo en facebook.
Gracias por recordarme las adoradas clases de educación física, que significaron prácticamente lo mismo para mí, sólo que en vez de flacuchenta y chascona, yo era pequeña y gordita, pésima mezcla jajaja.
Te acordai del tombo? no sé si eras de las que se quedaban siempre al final de la fila para nunca tener que jugarlo, pero yo sí.
Ya oye, qué gusto que estés bien por allá!
Cuídate harto
Saludos,
Dani P.
Dani, me maté de la risa con el tombo! ese juego me daba pánico! siempre me quedaba al final, jajaja.
EliminarPasa cuando quieras por mi blog, pa eso lo promociono :)
Ah! soñe el otro día con la Cata Marín y anoche con la pupy, que ondaa!!
Te escribo convaleciente de la vida sana, porque mis padres se han vuelt ounos vigorexicos y celebramos su aniversario de matirimonio en la iglesia (tip: celebran los dos, casi todos los meses jajaj pero en marzo son the real ones XD) en una carrera de subir cerros. SI.
ResponderEliminarEn fin, dejando el suplicio aparte, tengo unas consideraciones:
1. Te euivocaste rotundamente de teleseries en tu infancia! las que debiste haber visto despues de almuerzo son las brasileras. Aun estas a tiempo de recuperarte, youtube lo soluciona todo.
2.Yo le compre a mi gato una correa alguna vez, y obligue al pobre a ir a comprar pan un par de veces conmigo. Me defiendo diciendo que era una niña,pero creo que todavia quiero pasear a una de mis gatas :S Eso me hace asiatica?
3. YO TENIA UNA DE ESAS BARBIES POCAHONTAS!!!! Me gustaban las barbies pero me aburria profundamente con ellas. Y comparto tu dolor completamente en EF pero le agrego un nivel: LOS ESQUEMAS/COREOGRAFIAS, tuviste que pasar por eso alguna vez?
Abrazo!