martes, 29 de enero de 2013

Pásame los tacos, que voy a la biblioteca

Hay algo que me perturba y me molesta de la biblioteca acá. Es como ese chiste que hay sobre Paris: en el principio Dios creó Paris, y vio que era hermoso. Y después creó el resto del mundo y se dio cuenta de que las otras criaturas iban a estar celosas de su primera creación. Entonces creó a los parisinos y llenó a Paris de ellos.
Esta biblioteca en ningún caso es el Paris de las bibliotecas (para eso vayan a la UB en Heidelberg), pero sí está llena del equivalente de los parisinos: los holandeses hijitos de papá... uuuggghhh!
El rollo con esta universidad es que es una universidad de elite, donde estudia toda la casa real del país. De hecho, una anécdota ahora que la reina va a abdicar en favor de su hijo: ese mismo hijo cuando estudiaba en Leiden estrelló su auto dentro de un canal de puro ebrio, nuestro futuro rey, señoras y señores.
Bueno, es fácil imaginarse que los dos grandes tipos de estudiantes en esta universidad son entonces los royal e hijos de papáh, y los estudiantes internacionales. (Igual es verdad que hay un grupo de estudiantes holandeses más normales, pero no se ven en las facultades humanoides que yo frecuento).

No, los lugares que yo frecuento están poblados por una especie poco vista en el mundo real, una especie prima-en-segundo-grado de la especie que puebla la facultad de ingeniería civil de la católica. A ese nivel estamos hablando, pero holandeses. Entonces las niñas Zara son niñas Louis Vuitton y los niños Dockers son niños Brooks Brothers. APESTAN!

Pero lo que más apesta, es llegar a la biblioteca con jeanes viejos, botas ugg falsas y polerón deforme y que todas estas modelos de 3 metros con sus carteras de diseñador te miren como scanner con la ceja subida y la boca chueca. Eso me pasó ayer... en general sé que se requiere un mínimo de esfuerzo de vestirse para venir a la biblioteca, y ese mínimo lo cumplo no por una especia de presión social (ya, igual un poco por eso), pero por una cosa que leí y me pareció muy cierta: un estudió reveló que el índice de felicidad en una comunidad es más alto cuando se es parte de la media, es decir, no se es feliz al ser el más *inserte su adjetico aquí* de una comunidad, ni al estar por debajo de la media, sino al pertenecer a ella. Aurea medianía, que le decían los latinos. Entonces, en general me esfuerzo por verme digna para venir, pero ayer no tenía pensado pasar por aquí y me dieron el ojo desaprobador hombres y mujeres por igual.

Así que hoy, en vez de valorar lo linda que soy por dentro y por fuera y validar mi estilo único como un copo de nieve, me uní al clan. Me puse el vestido que en Chile me hubiera puesto para una graduación o una comida importante, las botas francesas con taco de 10 cm que intenté vender pero aquí nadie me las compró, una capa de lana muy a lo Audrey Hepburn que armé a partir de partir de un chaleco talla xxl que encontré gratis en la ropa usada, me maquillé con base primero y todo, usando 3 pinceles distintos, me lavé el pelo y me lo sequé con secador, me puse los guantes de cuero que me regalaron para navidad y el abrigo más chic que tengo, que aunque sea viejo aún pega el parche.

Y bueno, ahora escribo esto desde la biblioteca y aunque en Chile no me lo crean, no me siento sobre-arreglada. Miro al rededor y pienso "ojalá pudiera sacarle fotos a esta gente para que me creyeran como se ven"... entonces se me ocurre una idea. Gracias street fashion!

Próximo post: reportaje fotográfico sobre el Leiden Style. No debería ser tan difícil acercarme a grupos de holandeses y explicarles que estoy haciendo un reportaje de street fashion y sacarles fotos....







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