Antes de seguir mi camino
y de poner mis ojos hacia adelante,
alzo otra vez, solitario, mis manos
Hacia ti, al que me acojo,
al que en el más hondo fondo del corazón
consagré solemne, altares
Para que en todo tiempo tu voz,
una vez más, vuelva a llamarme.
Abrázase encima, inscrita hondo, la palabra:
Al Dios desconocido: suyo soy,
y siento los lazos que en la lucha
me abaten.
Y, si huir quiero,
me fuerzan al fin a su servicio.
¡Quiero conocerte, Desconocido!
Tú, que ahondas en mi alma,
que surcas mi vida cual tormenta,
tú, inaprehensible, mi semejante!
Quiero conocerte, servirte quiero.
Repito: esto lo escribió Niezsche, probablemente ningún otro filósofo buscó al Cristo verdadero con tanta pasión y rabia.
Tu foto de perfil y la imagen de fondo... Sin complejos de diva, en absoluto.
ResponderEliminarEsteban
ps: Nietzche no se hubiera hecho un blog.
...no se hubiera hecho un blog, pero hubiera tenido gente que le subiera sus párrafos
ResponderEliminar(y hubiera tenido comentaristas como nosotros, claro)
La verdad es que algo me tocaron los párrafos esos; me recuerdan mi propia etapa escolar de búsqueda. Y exactamente con esas palabras: pasión y rabia a la vez.
Ya veremos si es tiempo de recomenzar aquello, pero bajo otros paradigmas, espero...
abrazo,
JJ
pd: Esteban, si eres quien creo... pues saludos! tenemos que vernos pronto, ah? (pongo a la bloguera como testigo-puente para ello).