sábado, 24 de diciembre de 2011

Anagnórisis

Si no me equivoco -han pasado muchos años desde las clases de literatura universal- la anagnórisis era el momento en el teatro griego en que el público se "reconocía" en la obra representada. Veía en ella sus propias fallas, sus virtudes, su humanidad. Después venía la catársis, pero eso es otro tema.

Hablando de humanidad y reconocimiento, tengo que reconocer que con tanta experiencia en el campo de despedidas, idas y vueltas, automáticamente unas semanas antes de viajar me robotizo un poquito, anulo los sentimientos de tristeza y nostalgia y todo eso, y los cambio por un pragmatismo extremo frente a lo urgente, a los preparativos del viaje, etc. Pero anoche tuve mi anagnórisis, curiosamente también ligada al arte -Aristóteles tenía razón y no puede haber una sin la otra-. Como decía, anoche fui a un concierto, pero no fue eso lo que me abrió los ojos, sino el regalo de un querido amigo, una Hohelied: el nombre que le dio Lutero al Cantar de los Cantares, algo así como "canción de matrimonio". Mi amigo me regaló una bolsita de papel, y mientras yo caminaba al metro, después de haberme despedido de él, asomé el contenido de la bolsita y he ahí, anagnórisis al leer la partitura y la letra (más la letra que la música, ha pasado mucho tiempo de la época del violín).
Pero, el punto importante es que leerla me hizo sensible de nuevo, y me dio esa tristeza que le da a los que parten. Así que lo puedo decir oficialmente: sí, hay una parte de mi que está triste de dejarlos, a mi familia, a mis amigos, a mi cotidianeidad santiaguina... pero al mismo tiempo, ¿alguien puede culparme porque el resto de mi se lance desesperado a la aventura de lo desconocido? Creo que es un impulso que siempre voy a tener, pero no por eso los quiero menos.

En fin, mañana parto al viejo mundo, a la vida nueva. Ya saben dónde leer mis aventuras, sepan también que los llevo un poquito conmigo, que una parte de ustedes se va conmigo a viajar también, si quieren.

1 comentario:

  1. Yo soy muuuy lectora de blogs (en mi época tuve uno bastante visitado, así que... jejeje) y ten por cierto que el tuyo lo seguiré no sólo con el afán copuchentístico con que leo varios, sino con el cariño construído durante los almuerzos y tardes en casa de los tíos.

    Me dió pena que te fueras, pero me alegré por ti. Me conmovió verte saltar hacia, como dices, la vida nueva. La alegría puesta en el salto, me conmovió más (algún día te contaré el porqué).

    Mucha suerte, querida Pauli. Un abrazo apretado.

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