Hay un cuento bretón -celta en realidad, internacional en realidad- que dice que los duendes (korrigans) de la risa se ponen a bailar en los claros de los bosques (especialmente La forêt de Broceliande), y cuando alguien los encuentra y se va a bailar con ellos, la risa se le contagia y no puede parar de reír y bailar hasta que se muere. ¿suena familiar, cierto?
En realidad no se si voy a reírme y bailar hasta que me muera, pero no sería para nada una mala forma de morir -desde chica lo pensé- Ahora bien, qué tiene que ver esto con nada: que después de un mes y una semana de bosque, encontré el claro. Y es hermoso. Viene con pasajes a París el mismísimo día de navidad incluidos, con vestido de novia de hada incluido, con aceptación en la U incluida y con matrimonio civil adelantado para no tener que tramitar la visa, también incluido. Me encanta el claro del bosque, pero que quede claro que lo más probable es que haya más bosque por cruzar cuando termine de reír y bailar.
Pero por ahora no me importa.
Bailemos y riamos un rato, yo hago muffins de canela y manzana que saben a cielo navideño, ustedes me vienen a visitar, nos despedimos con sonrisas y un poquito de pena -no demasiada, si igual vuelvo- y lo mejor: este blog toma su legítimo lugar, el de diario de viaje.
Ya estoy preparando mis maletas, prepárate Finisterre, que allá voy. Con risas y bailes y muffins y los korrigans me los prestas tú.
Siempre atino a entrar acá cuando hay una entrada nueva.
ResponderEliminarY en hora buena, palito! Vas a tener que compartirnos un poco de esa risa. Afortunadamente es una de las cosas que todavía se puede compartir con facilidad.
Esteban, el 23 nos vemos en tu concierto. No me lo pierdo por nada.
ResponderEliminarUy, este año se viene con viajes.
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